cambio climático y comunicación

Graffity atribuido a Banksy en Londres. (Reuters)

Este post se podría llamar también emergencia climática y comunicación. Comencemos diciendo que declarar la emergencia climática no tiene efectos jurídicos. Es un símbolo, una toma de posición, una forma de decir que “vamos a por ello” y en el caso del Gobierno de España es también el cumplimiento de una moción parlamentaria que fue votada por el Congreso de los Diputados en septiembre de 2019.

No obstante, los símbolos importan: proporcionan sentido y dan un marco de interpretación de la realidad. Llamar a algo “emergencia” no es lo mismo que llamarlo “cambio”. El concepto emergencia se asocia a un campo semántico de urgencia, importancia, prontitud. La emergencia climática anima a la acción. La apremia. Incorpora dinamismo y permite a la comunicación del Gobierno edulcorar el hecho de que estaba tardando en impulsar medidas de adaptación y mitigación del cambio climático. Probablemente no podía haber sido de otra forma con un Ejecutivo en funciones, pero el reloj no perdonaba. 

Así, esta declaración de emergencia climática en la que el Gobierno se ha dado 100 días de tope para impulsar 5 de sus 30 principales líneas de actuación, sirve como marco simbólico para admitir retardos y para urgir avances. Para paliar la tardanza provocada por la burocracia electoral y para colgar de un paraguas diferente -y más ágil- medidas similares o iguales a las propuestas en los últimos meses por las diferentes formaciones que apoyaron la investidura, principalmente por los dos socios de gobierno. 

Sirve también para disipar ciertas críticas de importantes agentes del sector. Por ejemplo, la del presidente de Iberdrola, Ignacio Galán, que ha pasado de no ver acción por parte del Ejecutivo un 21 de enero en el Foro de Davos a sí verla un 28 de enero al inaugurar un macroproyecto en Portugal:

«En España ha habido un cambio muy importante en los últimos meses. […] Llevo 20 años en el sector eléctrico y durante este tiempo no he tenido la suerte de tener un plan energético con una visión de largo plazo: ahora tenemos un plan [de transformación de un modelo a otro modelo]».

 

emergencia climática

Emergencia climática y comunicación: naming is framing 

Aprovechar el naming para lograr instalar el framing deseado es un arte de la comunicación, que tiene efectos reales sobre las actitudes y que desencadena asociaciones (Boersma, Poorvliet y Gremmen, 2019). Véase, sin cambiar de sector, el efecto tranquilizador que nos produce el hablar de “gas natural”, siendo este hidrocarburo “natural” uno de los máximos responsables de la emisión de CO2 a la atmósfera. Previendo precisamente un cambio de tendencia en la percepción social del gas natural, una gran empresa española cambió su marca a Naturgy

El naming/framing vinculado a la declaración de la emergencia climática sirve, además, para distanciarse de discursos negacionistas, como el que encarna el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Sirve para ponerse del lado de la ciencia; de los 11.000 científicos de 153 países que en un manifiesto publicado por la revista Bioscience declararon la emergencia climática y advirtieron del “sufrimiento indecible” que está por llegar. Y sirve para compartir preocupaciones con el Foro de Davos, en concreto con los 750 expertos de prestigio encuestados para el Informe de Riesgos Globales 2020 del Foro Económico Mundial que, por primera vez en su historia, relaciona con el cambio climático los cinco riesgos predominantes a largo plazo.

La declaración de emergencia climática y su comunicación, podemos concluir, más allá de un cambio de naming, sirve para instalar un framing eficaz. 

 

Aitor Ugarte
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